Tres protagonistas y ‘Mou’

11 11 2010

Este miércoles el Real Madrid venció al Murcia por 5-1 en la vuelta de los dieciseisavos (escribir esta palabra es horrible) de final de la Copa del Rey. Un partido que tuvo básicamente tres protagonistas: el Real Madrid, el Murcia y el árbitro.

El Real Madrid hizo lo que tenía que hacer: ganar el partido. Y lo hizo tomándose el partido en serio, algo que ha sido elogiado por muchos como una virtud. Esto último resulta inaudito, porque que unos trabajadores de una empresa se tomen en serio su trabajo no debería de ser novedad, pero como últimamente la relación del Real Madrid con la Copa ha sido de chiste, la actitud del miércoles parece hasta encomiable. Mourinho se ha encargado de cambiar esto utilizando hasta siete titulares en ambos partidos. La oportunidad de lucirse ha sido para algunos suplentes como Benzema (su caso es de estudio), Pedro León (está por ver su resurgir), Granero (marcó un golazo y poco más) y Canales (con quien Mourinho se cebó en rueda de prensa).

El Murcia, por su parte, no fue rival. Más bien, fue una pena de equipo. No tiene mérito ninguno, no se opuso al Madrid, no hizo nada. Las estadísticas son abrumadoras: dos tiros a puerta y uno fuera en dos partidos. Uno de esos tiros fue un penalti que terminó en gol. La palabra para describir su paso por esta fase de la Copa es “lamentable”. No pido que ganen, pido algo más de lo que ofrecieron. Carlos Martínez, uno de los mejores narradores de fútbol de España, dijo al final del partido que el Murcia podía irse “diciendo que ha jugado un buen partido”. Si es para quedar bien con Murcia y los murcianos, pase. Si es por lo que vimos, sencillamente, no es cierto.

El tercer protagonista fue el árbitro. No debió de ser protagonista, pero él quiso que así fuera. Paradas Romero, que así se llama el sujeto, decidió llenar de tarjetas el partido: ocho amarillas y dos rojas en un partido que terminó 5-1. En una de ellas expulsó a Mourinho porque le mandó “a la mierda”. Mal hecho por parte del entrenador del Madrid, quien espera ahora la sanción correspondiente. No dudo de la certeza de lo que pone en el acta arbitral, pero sospecho que cualquier cosa que le hubiera dicho el portugués habría sido suficiente para tomar camino de la grada, como al final pasó.

En esto último quería quedarme. Me parece que la regla de que cualquier cosa que se les diga a los árbitros desde la banda sea motivo para la expulsión es injusta. Más que nada porque no me creo que lo oigan todo, ni siquiera el mal llamado cuarto árbitro, cuya función queda relegada a ser un chivato y a levantar una tabla con números. Creo que existen elementos más peligrosos y perversos en el fútbol que las palabras en caliente de un entrenador y que los árbitros no son figuras intocables, sino jueces de lo que ocurre. Como tales, deberían también tener en cuenta el factor emocional de los partidos, en los que también cabe la mala leche y las reacciones airadas. ¿O ellos no son humanos?

Pablo Machuca Lominchar

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